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Sergio Contreras: “Mucha investigación ha olvidado la expresión clínica de la pérdida de susceptibilidad bacteriana”
20 noviembre, 2017

Sergio Contreras: “Mucha investigación ha olvidado la expresión clínica de la pérdida de susceptibilidad bacteriana”

noviembre 22nd, 2017 Periodista Gabriela.Gutiérrez

Sergio Contreras Lynch

El jefe del Departamento de Salud Hidrobiológica del IFOP ha estado trabajando fuertemente en el programa que busca vigilar y evaluar la resistencia a antibióticos de los principales patógenos que afectan a la salmonicultura. Aquí, entrega sus pautas para un uso más eficiente.

El mejor control de la Septicemia Rickettsial del Salmón (SRS) o Piscirickettsiosis es, desde hace tiempo, una prioridad tanto para la autoridad sectorial como para los propios productores de salmónidos. Esta enfermedad causa pérdidas por más de US$750 millones anuales al sector y, además, es la mayor responsable del consumo de antibióticos que se da tanto en trucha arcoíris como en salmón Atlántico.

El Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), a través de su Departamento de Salud Hidrobiológica –con base en Puerto Montt (región de Los Lagos) y cuyo jefe es Sergio Contreras Lynch– se ha hecho parte de esta cruzada. Para ello, cuenta, por ejemplo, con un programa de investigación destinado a vigilar y evaluar la resistencia a antibióticos de los patógenos que afectan a la acuicultura, información que es periódicamente puesta a disposición de la Autoridad sectorial, los salmonicultores y comunidad en general.

De acuerdo con Sergio Contreras –quien es médico veterinario, máster en Acuicultura y MBA–, es posible efectuar un uso más eficiente de los antimicrobianos. Para ello, dice, la detección temprana y el tratamiento oportuno son factores fundamentales que marcarán diferencia entre una terapia exitosa y una que no lo es. Añade que ello debe acompañarse, obligatoriamente, de buenas prácticas de cultivo, evitando, principalmente, altas densidades.

SRS es una de las enfermedades que más preocupa a la industria chilena del salmón. A pesar de los esfuerzos que se han hecho para controlarla, sigue siendo un desafío. A su juicio, ¿cuál es su complejidad?

Es una bacteria compleja, adaptable a distintas condiciones y tiene una serie de mecanismos que hacen que persista en el entorno de las balsas jaulas, tanto a nivel de ejemplares de cultivo como en aquellos que no lo son. De hecho, IFOP desarrolla un programa de identificación de agentes patógenos en peces silvestres, desde 2010, y en forma constante se obtienen positividades (por técnicas de biología molecular) en estos individuos. Esto no implica que la bacteria esté necesariamente viva, pero al menos sabemos que hay trazas de material genético de éstos patógenos en ejemplares silvestres, sobre todo en el róbalo y pejerrey, así como en salmónidos asilvestrados. De esa forma, al parecer hay muchos factores involucrados que permiten que la enfermedad persista en los centros. Adicionalmente, no sabemos cuáles son los reservorios en el sedimento o en el agua; factores que también podría influir.

Respecto de cómo se ha manejado, creo que en un principio quizá hubo una aproximación equivocada, aunque en los últimos años eso ha cambiado. Nos dimos cuenta que se trata de una bacteria compleja y que había que hacer ciencia de excelencia en varios campos, –básica y aplicada – para abordar el problema.

¿Por qué considera que hubo una aproximación inicial equivocada?

Porque se trató de aplicar cosas que “funcionaban” para otros organismos patógenos en salmones, por ejemplo, en el caso de las vacunas y otros tratamientos alternativos. Sin embargo, en los últimos cuatro o cinco años, se han ido generando en Chile grupos altamente especializados, algunos en el ámbito de la genómica, que buscan los elementos clave para combatir la bacteria, revisando por ejemplo cómo afectar sus mecanismos de patogenia. La principal falencia tiene que ver con que no sabíamos mucho de la bacteria, de su biología y de su ciclo de vida.

Vigilancia y evaluación

¿Qué trabajos ha estado efectuando el IFOP con el fin de avanzar en el control de SRS y disminuir el uso de fármacos?

Tenemos desde hace cuatro años un programa de investigación permanente, financiado por el Ministerio de Economía y mandatado por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) destinado a vigilar y evaluar la resistencia a antibióticos de los patógenos que afectan a la salmonicultura, entre ellos SRS. Aquí, tuvimos que partir de cero. Primero, trabajamos en la generación de un protocolo, así como en la búsqueda de un medio de cultivo específico para evaluar la susceptibilidad. Finalmente, generamos valores de corte epidemiológico que nos permitieran diferenciar las poblaciones con mayores probabilidades de pérdida de susceptibilidad de las que todavía son susceptibles. Una vez desarrollado el protocolo, el IFOP se ha encargado traspasar la técnica e información a los laboratorios que prestan servicios a la industria. Lo que se buscaba era una estandarización en relación con la evaluación de susceptibilidad, pues hasta ahora cada unidad aplicaba su propia técnica y criterio, lo que hacía imposible comparar resultados.

¿En qué etapa se encuentra ese programa en la actualidad?

Hoy, estamos enfocados en la vigilancia, observando lo que está ocurriendo en campo. Es por eso que buscamos brotes comprobados de Piscirickettsiosis (desde Los Lagos a Magallanes) y hacemos la evaluación de susceptibilidad. Con esa información, vamos completando nuestro mapa y data histórica y generando tendencias, todo lo cual termina en informes finales que son de acceso público y que se pueden encontrar en las páginas de IFOP y Subpesca.

De acuerdo con los datos que ustedes han obtenido a partir de este programa, ¿se puede decir que hay resistencia de P. salmonis ante los antibióticos usados para su control?

En general, los grupos que están trabajando en el tema coinciden en que no se observa un fenómeno de pérdida de susceptibilidad importante para los antimicrobianos utilizados mayormente en la salmonicultura. Dicho de otro modo, al parecer, son otros los factores que estarían explicando en mayor medida el alto impacto de la enfermedad en la industria. Se logró generar una publicación en el mes de junio, donde en un trabajo conjunto con Peter Smith, experto en resistencia bacteriana y terapéutica en salmones (de la Universidad Nacional de Irlanda), y Claudio Miranda, de la UCN, que dice que el porcentaje de la población bacteriana de P. salmonis categorizada como con susceptibilidad reducida a oxitetraciclina no va más allá del 9%, mientras que el 91% restante se clasificaría como población silvestre, vale decir, con una alta probabilidad de responder al tratamiento. En cuanto a florfenicol, se observa una mayor población categorizada con pérdida de susceptibilidad, con un 56%, lo que indica que hay mayor probabilidad de enfrentarse a bacterias resistentes; sin embargo, esta no debiese ser la principal razón por la cual no están funcionando los tratamientos con antimicrobianos.

Es importante mencionar que, en el ámbito de la investigación en resistencia bacteriana, es imprescindible no perder de vista nunca la expresión fenotípica o clínica del fenómeno. Y para ello es necesario vincular los estudios epidemiológicos (in vitro) con el éxito o fracaso terapéutico en los centros con brotes. Ello, sumado a la verificación de genes y determinantes de resistencia, es la única manera de aproximarse al cuadro real de la resistencia bacteriana en los sistemas productivos.

En ese sentido, observamos mucha investigación que ha olvidado la expresión clínica de la pérdida de susceptibilidad bacteriana a los antimicrobianos y eso es un elemento fundamental para la recomendación terapéutica a los productores.

De ese modo, ¿cómo se podría abordar de mejor forma el tema?

Creo que hay dos cosas fundamentales; una tiene que ver con la densidad de cultivo y distancia entre centros. En ese sentido, no me cabe duda que las empresas están buscando el equilibrio entre eficiencia productiva y la disminución de brotes por efecto de la densidad. Es necesario que se preocupen de eso si lo que se quiere es disminuir el uso de antimicrobianos. Lo segundo es que tenemos claro que hay sitios mejores que otros para producir salmones, pero sabemos también que la industria está privilegiando esos lugares que tienen mejores condiciones ambientales y oceanográficas.

Otra cosa que hemos visto con el programa de vigilancia y otros que hemos ejecutado, como un proyecto Innova donde caracterizamos alimentos medicados, es que hay una serie de problemas vinculados a la formulación de estos productos, es decir, en la inclusión del medicamento en el pellet. Allí hay varios factores que influyen en que no se llegue con la dosis efectiva al pez enfermo.

Ahora, sumando todo lo anterior, creemos que un factor fundamental es el inicio temprano del tratamiento una vez confirmado el brote. Si tienes un brote confirmado, mientras antes inicies la terapia tendrás más opciones de tener un éxito terapéutico y no un fracaso. En esto existe consenso entre la Autoridad y la industria. Y si esto se hace bien, puedes reducir el uso de antimicrobianos, pues tendrás más eficacia y menos reincidencia de brotes. Ahora, evidentemente hay ocasiones en que es complicado llegar rápido con el alimento medicado a un centro que está a dos o tres o más horas de navegación. Pero hay que tener claro que si llegas con dos, tres o más días de retraso seguramente el tratamiento no será efectivo.

¿Cómo ve el futuro en cuando al control de SRS y disminución de uso de antibióticos en la salmonicultura local? ¿Cree que se podrán apreciar cambios importantes en el corto o mediano plazo?

Si, de todas maneras. No sé si de aquí a corto plazo, pero sí a mediano y largo plazo. Se están dando muchos avances en el entendimiento de la genómica del patógeno, por ejemplo, en factores de virulencia y resistencia a antibióticos. Se han hecho llamado a concursos sólo para estudiar el ciclo de vida y los reservorios de P. salmonis, lo que es inédito. Además, hay grandes avances en capacidades de investigación especializada nacional en términos de expertos e infraestructura, de modo que eso tiene que dar sus frutos. Lo cierto es que, para avanzar, tiene que haber un conjunto de cosas, no solo investigación. Esto se tiene que acompañar de manejo in situ y densidades apropiadas. Tiene que haber esfuerzo tanto de la ciencia como de los productores y la Autoridad.

 

Fuente: Aqua

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